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Queja y propuesta

Queja y propuesta

Ensayo

Ciertamente no estamos tan mal, en los últimos cien años la esperanza de vida mundial ha pasado de estar en torno a los sesenta y cinco años a ser de en torno setenta años, y hablamos a nivel mundial, la alfabetización poco a poco se va erradicando, y es cada vez más complicado encontrar en países desarrollados personas analfabetas, la tecnología avanza más rápido que en toda la historia (pensad que en los años ochenta era prácticamente imposible encontrar a alguien con teléfono móvil).

Todo esto está muy bien, pero, por qué sin embargo, aunque la sociedad parece avanzar y cada vez tenemos a gente más preparada, con más conocimientos, más longeva y con más recursos... ¿la opinión general acerca de los políticos y la política sigue siendo bastante baja?, ¿por qué vuelven a resurgir con fuerza en la mayoría de países desde hace unas décadas partidos que se toman la Declaración Universal de los Derechos Humanos como recomendaciones?

Creo que el problema es principalmente en la base del sistema político que tenemos en la mayoría de países, el gobierno representativo.

Desde bien niño he oído decir a mi madre que el derecho a voto es algo que se ganó, una conquista, un privilegio, que permite a todo el mundo decidir sobre su futuro, que nos permite ser libres. Todos los países actuales sin excepción nacen de dictaduras, monarquías absolutas, colonias, gobiernos títeres... a fin de cuentas, de sistemas, en los que una élite mantenía el poder y la empleaba para sus propios fines, manteniendo diferentes estatus en la población entre los que le eran afines y los que no. Con el paso de los años y siglos, con la propia evolución humana, con el paso de los pensadores y la evolución de la empatía humana, eso se combatió y se derrocó (en la mayoría de los países).

Ya no hay esclavos, la libertad de expresión, aunque en muchos sitios, localmente es coaccionada, es la más alta que ha visto la humanidad en su historia, el más pobre puede volverse rico. Muchos dirán, y es cierto, que el más pobre será ridículamente más complicado hacerse rico que alguien que su familia sea rica y ya parta con ese estatus, pero no olvidemos que hace doscientos años era literalmente imposible, que ahora los saltos entre generaciones son abismales, porque alguien pobre quizá no llegue a ser rico, puede que no haya podido ir a la universidad, o codearse con gente importante, pero, lo raro será que sus hijos no puedan ir a la escuela, que no puedan si quieren realizar una educación superior y ascender en la mal llamada escala social. Por supuesto, les será infinitamente más complicado que alguien que parta con ventajas, pero ya no les es imposible.

Mis abuelos maternos por ejemplo y los de mucha gente no eran ricos, venían de pueblos, y a duras penas sabían leer, sus hijos terminaron todos el colegio y consiguieron trabajos que les permitían tener un nivel adquisitivo mucho mayor al de sus padres, incluso mi madre terminó sus estudios universitarios y fue la primera de su familia en hacerlo (con muchísimo esfuerzo y trabajo, pero pudo hacer algo que su padres ni si quiera podían imaginar para ellos); y sus nietos, tienen la mayoría estudios superiores o los están cursando y están u optan a puestos que les dan un nivel adquisitivo mayor al que tenían sus padres a su edad. Si bien es cierto, que debido entre otros factores a las diferentes crisis económicas que se han sucedido en las últimas décadas, esta escalada ascendente de recursos y conocimientos generacionales, se está estancando. En definitiva, respecto a este punto, lo que antes era imposible luego paso a ser complicado y luego a común, y en el último centenario ha pasado a requerir de una o dos generaciones.

Nuestro sistema político se basa en la popularidad, es su medio, y el fin es el poder. Párate a pensar un segundo en el presidente o jefe de estado de la mayoría de los países, por que están ahí, ¿son los más cualificados?, ¿son los que más méritos han hecho?, ¿son los más inteligentes y capaces?... bueno, si estás en un país en el que la mayoría simple del mismo piense que sí, y no se empatíatrate de una dictadura, me gustaría pedir un visado.

No, nuestro sistema no premia esas cosas, premia a los que tienen más influencia, a los más carismáticos, a los que más promesas hacen aunque no las puedan cumplir. Y para que todo funcione y no convertir su país en un desastre delegan en gente más cualificada o a la que deben favores y estos a su vez en más cualificados, o alimentan esa cadena, hasta llegar, a veces, a alguien con conocimientos y criterio suficientes para tomar una decisión correcta, y ahí, empieza el teléfono escacharrado.

Ese asesor, consejero, académico o simplemente enterado del tema, se lo comunica a su inmediato superior en la pirámide, que con mucha suerte puede tratarse de un ministro, y este se atribuye el mérito, quizá con alguna mención, pero ese ministro o ministra es la cabeza de esa decisión en su esfera, quizá en su partido o distrito, o donde sea que caiga su esfera. Puede que para aumentar su popularidad sabiendo cual es el pensamiento general de su esfera de influencia la modifique un poco, para que sea más afín, ya sabéis, palabra aquí, palabra allá, esto de rescate no me gusta voy a llamarlo ayuda, esto de subida de impuestos no me gusta voy a llamarlo plan de inversión en infraestructura... esas cosas que se dan en todos los países. Y, tras pasar por muchos pasos de la pirámide, ¿quien se atribuye el mérito?, efectivamente, ese relaciones públicas que conocemos como presidente, o monarca, o dictador, o jefe de estado, o cacique, o lo que sea. Pero, ¿por qué necesita atribuirse ese mérito?, porque tiene que ser popular, o al menos más popular que sus adversarios, porque para mantener el poder requiere de que la mayor cantidad de gente posible confíe en el, y confíe ciegamente, piensen que toma las mejores decisiones y que es quien mejor les liderará, o si no, alguien igual que él pero con otra cara tomará esa posición privilegiada.

Vale, esta claro, aquí hay algo que funciona mal y que no permite que evolucionemos como deberíamos, pero, ¿qué es?, ¿el presidente?, ¿el sistema?. Siento decepcionarte, el problema eres tú, y yo, y el problema somos todos los que vivimos en la sociedad bajo los gobiernos representativos.

Me gusta pensar en la sociedad en conjunto como un grupo de niños, que viven en casa de sus padres. Antes, durante el feudalismo, generalmente las sociedades vivían en una casa cuyos padres eran unos abusadores, se aprovechaban de ellos en su propio beneficio, les maltrataban, les castigaban, les robaban el dinero del bocadillo para gastárselo en puros, les mantenían encerrados en una habitación para que no vieran el resto de la mansión en la que vivían. Llegado un punto los niños se dieron cuenta de que eran más y más fuertes, de que podían quitar de en medio a sus padres y lo hicieron, la revolución francesa supuso un antes y un después en los sistemas políticos, pero, hay una regla que siempre se cumple y es que el poder no admite vacío, no puede tenerlo, o la casa ardería. En ese punto en el que son depuestos estos padres, siempre suele pasar una de estás dos cosas.

Lo primero que puede pasar, es que un niño o un grupo de niños decidan tomar el rol de los padres por la fuerza, y encierren otra vez al resto en el sitio en el que estaban, quizá, con suerte estos nuevos niños que hacen de papá y mamá les hayan dado algo para que no les pase como a sus antiguos padres y se los quiten de en medio, quizá les dejaren jugar en otra habitación, quizá les den más comida, o les peguen menos. Pero habrán vuelto a donde estaban, unos niños que son sometidos por otros niños.

Lo segundo que pueda pasar es que unos cuantos niños populares y con muchas ansias de poder, convenzan al resto de que ellos deberían ser los nuevos papá y mamá, pero claro, por algo serán los más populares, serán los que les dejen jugar en el jardín al resto, los que les dejen ver la televisión en el sofá un par de horas, los que les dejen leer los libros más interesantes, los que les den más comida, los que les dejen elegir el plato que comer... La mayoría de las sociedades avanzadas o primer mundistas son este tipo de casas.

Me centraré más en el segundo caso, ya que creo que vivo en una de estas casas.

Vale, están mejor que cuando les maltrataban, ahora pueden elegir ver la televisión y leer libros, están informados del mundo que les rodea. Ya no viven en una habitación mientras los padres están en el resto de la casa, ahora pueden moverse entre distintas habitaciones, igual tienen que subir escaleras y si son bajitos puede que les cueste más, pero sus padres les dejan subirla y con esfuerzo puede que la suban. Ahora comen más, ya no están famélicos y hasta pueden comer fritos de vez en cuando.

En esta casa, al principio, todos los niños están contentos, y su situación ha mejorado drásticamente. Hay niños que no les interesa el poder y solo quieren vivir bien y pueden, y unos pocos niños que querían ser papá y mamá para tomar decisiones, y pueden, si al resto les parece bien. El que todos puedan elegir quienes son sus padres ha favorecido a todos, todos están contentos, todos están bien. Pero, esta casa degenerará irremediablemente.

Cada vez habrá más niños que quieran vivir en esas casas, y será más fácil que vivan ahí, es una casa grande y hay para todos (ahora podéis empezar a pensar en esa casa como en los recursos y lo drásticamente que ha aumentado la población en los últimos siglos), pero al haber más niños, también habrá más niños que quieran ser papá y mamá y tomar las decisiones, es pura estadística. Pero, los que toman las decisiones no pueden ser todos ellos, por lo que cada vez tendrán que competir más entre ellos para llegar a ser papá y mamá (estos niños que quieren ser papá y mamá los podéis ver cómo los partidos políticos y gobiernos de distintos países), ¿y que harán para conseguirlo?, pues harán cosas más populares, y dirán más cosas que el resto de los niños quieren oír, prometerán a los niños que pueden ver la televisión más horas, que pueden comer todas las chucherías que quieran, les dirán que pueden ir descalzos por la casa, que pueden orinar en las macetas y pasillos.

Al principio todos seguirán contentos, los niños que solo quieren vivir mejor y más felices estarán encantados con este sistema, ahora pueden desayunar comer y cenar chucherías fritos y refrescos, pueden correr descalzos por la casa, pueden ver la televisión todo el día y hasta pueden hacer sus necesidades fuera del baño si quieren. Es el paraíso en la tierra. Pero, tarde o temprano pasa lo inevitable, los niños tienen problemas de obesidad, porque solo comen basura, se vuelven idiotas y manipulables, porque ven siempre los mismos programas infantiles, se acatarran, porque van desnudos por la casa, pillan infecciones, porque viven sobre sus propias heces y orinas.

Y aquí es donde viene la magia del sistema. Ahora los niños están enfadados y tristes, la culpa es de los niños que querían ser padres. Así que habrá niños muy enfadados, que quieran ser papá y mamá porque piensen que así podrán seguir haciendo lo que hacían porque ellos deciden, aunque no tengan ni idea de lo que hacen. Al niño iluminado, se le ocurrirá decir, que el problema de las infecciones es por los niños que tienen diarrea y convencerá a todos sus amigos en la casa de que el problema es por ellos, de repente la culpa es de una minoría, y los niños que quieren ser padres, para mantenerse así prometerán que van a echarlos de la casa, o a obligarles a limpiar, o que les van a encerrar detrás de un muro (¿no os suena como a racismo, xenofobia, etnocentrismo... y todos estos términos en los que se apoyan muchos partidos políticos que surgen ahora con fuerza en el mundo). Los niños que quieren ser padres se dan cuenta de que si mantienen al resto de niños peleados entre ellos o viendo la televisión todo el día, les será más fácil mantener el poder, así que los niños papá y mamá invierten más dinero en poner canales en la televisión en los que la culpa sea de los otros niños que quieren ser papá y mamá, que ellos o lo harán muy mal o si ya han sido lo hicieron fatal (¿no os suena al cien por cien de los debates electorales o sesiones parlamentarias televisadas?). ¿Y cuando se han puesto todos enfermos que creéis que pasa?, pues una mezcla de todo, la culpa es de otro que te tosió encima, la culpa del niño que no hizo los deberes, la culpa es del gato, vete tu a saber. ¿Y que hay que hacer?, llamar al médico para que venga a casa, que todos los niños estén quietecitos y en la cama y coman sopa, quizá tengan que tomarse alguna medicina asquerosa, ¿y sabéis que?, que a los niños no les gustan esas cosas, porque son complicadas, porque lo van a pasar mal al principio, así que elegirán al niño que quiera ser papá y mamá que les prometa que no lo van a pasar mal o que lo van a pasar menos mal, aunque con eso estén dilapidándose.

Vale, la sociedad es mucho más compleja, tiene muchos más matices, y esto no es más que una parábola de como funciona, pero, si es válida cómo parábola, es porque hay una verdad innegable en ella. La mayoría de las personas que vivimos en el mundo no estamos cualificadas para tomar decisiones en todos los ámbitos, es ridículamente complicado que seamos expertos en todo, en economía, en agricultura, en arte, en educación... en cualquier ámbito que influya directamente sobre la sociedad, y sin embargo todos elegimos indirectamente sobre estás decisiones, eligiendo al conjunto de personas que tomarán y ejecutarán las decisiones.

El gobierno representativo, no funciona bien, y hay que arreglarlo.

No quiero ser una persona que solo se queja, sin dar respuestas ni soluciones a los problemas, sigo buscando respuestas, pero ya tengo algunas posibles soluciones. Así que os dejo el inicio de una posible solución de entre muchas otras.

Volviendo a la metáfora, no tiene sentido que un niño que no tiene ni idea de dietética tenga el mismo peso a la hora de decidir el menú que uno que sí, y si encima el que no tiene ni idea es muy carismático y el otro no, peor vamos. Creo que el poder de decisión es fundamental, y que todos deberían poder ejercerlo, y que dejar todas y cada una de las decisiones que se toman al conjunto de la ciudadanía puede ser un caos, las decisiones requieren de especialistas que conozcan sobre la materia, que sepan dialogar y que no las tomen por su propio beneficio. Así que, ¿cómo podríamos juntar estas piezas?.

Bueno, una solución que se me ha ocurrido es un sistema que llamo epistocracia ponderada certificada, llevo ya un tiempo escribiendo sobre él y explorando distintas formas de llegar a él de la mejor forma, que es por supuesto, sin el uso de la violencia, pero aquí va un resumen rápido sobre su forma.

Aunque algunos autores ya han indagado sobre epistocracias de distinta índole a lo largo de la historia, desde Platón con la realización de una crítica severa a la democracia en sus diálogos, hasta más recientemente Jason Brennan con sus publicaciones culminadas en su ensayo Contra la democracia. Lo cierto, es que ninguno ha terminado de encajar con respecto a mis ideales de política no totalitaria.

En las sociedades hay distintos ámbitos que tener en cuenta, y la mayoría están íntimamente relacionados, llevando acabo medidas socio económicas (sociales para aumentar el bienestar de forma directa y económicas para aumentar el bienestar de forma indirecta), hablo por ejemplo de la educación, la seguridad, la hacienda, la salud, la agricultura, la industria, las relaciones exteriores ... Dentro de cada uno de estos ámbitos puede haber distintas especialidades, no es lo mismo la educación obligatoria que la superior por ejemplo.

Creo, que por ejemplo un maestro que se ha pasado la vida enseñando, que conoce de primera mano la vida en la enseñanza, tendría una mejor capacidad de decidir sobre ese ámbito que por ejemplo un informático que trabaja en una gran corporación o en un banco. Por lo que su voto, a la hora de decidir sobre temas de educación, debería valer más que el del informático a priori. Ahora bien, quizá el informático le encante leer sobre educación, sobre economía y sobre otros temas, quizá esté mejor cualificado que el maestro para tomar decisiones.

¿Y si existieran certificaciones para cada una de las especializaciones?, ¿te gustaría influir realmente en temas de agricultura?, de acuerdo, certifícate demostrando que conoces los fundamentos y las bases de cómo funciona ese sector de la sociedad y el peso que tiene en la misma, y tu voto contará más que el resto en este ámbito, además, cuanto más conozcas y más te prepares en ese tema más contará. Y no, no hay que pagar tasas por estas especializaciones ni hay academias, para que todos tengan las mismas facilidades serán certificados públicos, con amplias clases colgadas en internet y múltiples foros con especialistas. ¿Quieres que tu voto cuente más, porque piensas que tus ideas son mejores?, puedes, certifícate. Pero esos certificados pueden ser partidistas, puede que las preguntas sean tremendamente subjetivas. Bueno, después te cuento como poder solucionar esto. Además, ¿qué pasa si no te quieres certificar?, bueno, podrás seguir votando, pero ahora tu voto estará mucho peor ponderado. Volviendo a la parábola de antes, ¿quieres elegir menú? demuestra al resto de niños que no vas a elegir todos los días comer chucherías.

¿Y si realizáramos una especialización de voto?, pensadlo, las elecciones serían similares a como son ahora, pero los gobiernos no se formarían en conjunto sino en subconjuntos por ministerios, no por gobiernos únicos o coaliciones globales en los que se reparten a dedo los ministerios o a cambio de favores políticos; los partidos tendrían que tener ramas especializadas en cada tema, y tendrían que poner a sus mejores candidatos o conjuntos de candidatos, que, teniendo en cuenta que el valor del voto va a estar no en la masa que no conozca del tema y fácilmente manipulable sino en los que estén especializados en ella, tendrán que ser los candidatos más cualificados también.

Aparecerían incluso partidos especializados, conjuntos de abogados cualificados se reunirían, para especializarse en los temas de justicia y se presentarían solo a ese ámbito. Conjuntos de maestros harían lo propio con educación, de sanitarios con salud... Hay que tener cuidado con esto, no quiere decir, que por ser médico tengas que ser, por ejemplo, mejor ministro de sanidad. Un político preparado, además de conocer su sector deberá ser un buen gestor y entender en detalle el funcionamiento de la economía y la cultura que pretende gobernar.

Ahora es cuando te cuento cómo solucionar el problema de cómo decidir la forma de las certificaciones. Bueno, pues hay distintas soluciones. La que a mi más me convence es la siguiente. Antes del periodo de elecciones, hay dos periodos previos, durante el primero todos los grupos que quieran aspirar a la representación en su subgrupo deberán llegar a un acuerdo de cómo serán las pruebas de certificación de su ámbito y cómo y quien las calificará, y se realizarán distintas propuestas, que tendrán que evaluar y votar, para que sea la elegida. Tras esto estará el periodo de certificación, en el que los ciudadanos podrán certificarse en los ámbitos y materias que decidan para poder tener mayor ponderación del voto y finalmente, en las elecciones cada ciudadano votará en los ámbitos que decida, sabiendo que su voto está ponderado en función de su certificación. Todas las certificaciones expirarán con cada nuevas elecciones.

Ahora, los gobiernos formados, ya no serían ideológicos, todos del mismo color, con las mismas ideas, con las mismas manías, y con las mismas masas de votantes, serían gobiernos más cualificados, más dialogantes con las oposiciones y sobre todo, gobiernos que tomen mejores decisiones al no tener que estar pensando en la popularidad de la misma cómo principal medio.

Hay algunos flecos importantes a tener en cuenta que me gustaría tratar.

¿Qué pasa si el conjunto de los políticos que trabajan en la creación de las certificaciones se ponen de acuerdo para sesgar las mismas en beneficio de si mismos o de una minoría?. Una posible solución sería habilitar un mecanismo de control ciudadano. Blindado por ley orgánica o incluso recogido en la constitución, estará el derecho de los ciudadanos a presentar a través de la recogida de firmas en una plataforma habilitada por el gobierno (con las garantías de veracidad y transparencia), de oponerse a las certificaciones presentadas, y en caso de obtener suficientes (entiendo que esta cantidad mínima debería ser determinado por especialistas en estadística sociológica), hacer que los representantes deban presentar nuevas propuestas de ruta y en cada ámbito, y realizar la votación de la certificación no en la cámara correspondiente sino abierta a toda la ciudadanía, utilizando como ponderación de cada ciudadano, la mediana de las ponderaciones de todas sus certificaciones previas.

Otro posible problema, es, cómo solucionar que el voto sea anónimo. Bueno, para esto, hace cincuenta años te hubiera dicho que es bastante complicado, no obstante, en la época actual es relativamente sencillo solventarlo, puesto que podríamos utilizar los avances en tecnología para poder identificar inequívocamente a cada ciudadano con su respectiva ponderación del voto sin revelar ni almacenar su identidad.

No obstante hay algunos flecos que aún se tienen que resolver y sobre los que debería abrirse debate. Por ejemplo ¿Esto no llevaría a que los programas estuvieran centrados en gente que tiene tiempo y capacidad suficiente como para certificarse?. ¿Que pasa con la gente que no tiene tiempo para prepararse, cómo se va a representar su voluntad? ¿Debería aplicarse este sistema al resto de poderes también? y muchas más preguntas que quedan abiertas al futuro.

Y tú, ¿qué piensas?